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Mi mejor regalo

 3 Julio, 2008

La mortecina luz roja del local apenas alcanzaba para darme una perspectiva de lo que estaba ocurriendo en él. Eran más los oídos que la vista los que me transmitían la amplitud de la orgía que estaba teniendo lugar. Jadeos y gemidos.

Mi mejor regalo

Rumor de piel contra piel, excitaban mis sentidos y sensibilizaban mi cuerpo, volatilizando mi razón y despertando la criatura atávica que tantas veces había brotado en aquel lugar.

Poco a poco mis ojos se fueron acostumbrando a la escasa luminosidad y empecé a distinguir a los componentes de la ceremonia. Bajo el semen y el sudor, la multitud de machos y hembras se entrelazaba formando un único ser, cuya vida se manifestaba en las embestidas que se daban unos a otros. Allí estaba Asmo, tirándose a Juli, mientras el marido de ésta le follaba como si le fuera la vida en cada enculada. Y Lilian, que, momentáneamente satisfecha por los cinco tíos que se había cepillado, les instaba a que se lamieran entre sí. Un poco más allá Angélica, la benjamina del grupo, una adorable adolescente que disfrutaba seduciendo mujeres delante de sus maridos, se había hecho adoptar por dos espléndidas maduras que le daban de mamar, alternando sus tetas en aquella lasciva boca, a la vez que se follaban la una a la otra con sus puños; mientras tanto, sus maridos se masturbaban mutuamente, empeñados en correrse sobre la piel dorada de sus Damas…

Mi corazón se hallaba desbocado y torrentes de adrenalina fluían por todo mi ser. Deseaba lanzarme ya a la bacanal, pero extraía un delicioso placer del hecho de posponer la zambullida en el mar de la Carne, de retardar el momento. Deslicé de nuevo la vista por la multitud y me percaté de la presencia del musculoso Conrado, el jovencito que me había enseñado a comer una polla en condiciones, taladrando con furia a una morena explosiva. A la vista del rítmico vaivén de sus nalgas, me apeteció comenzar por tirármelo, pero se me adelantó Hamilton, el mulato de la embajada brasileña, que lo empaló en tres tiempos. Me maldecía por mi falta de reflejos cuando unas manos lascivas se abrieron paso desde atrás, separándome las piernas y acariciándome ávidas los testículos y la polla. Al volverme vi a Carmen, mi cuñada, una hembra de rostro luciférico y cuerpo pleno de Diosa de la Fertilidad, de amplias caderas y preciosos muslos, que estaba cabalgando a un atractivo caballero cercano a los cincuenta.

El tipo se hallaba tumbado de espaldas sobre la moqueta, y Carmen, bien empalada, le daba la espalda mientras se metía y se sacaba del coño aquella polla de respetables dimensiones mediante largos y terribles movimientos de cadera. Me arrodillé frente a ella y le devolví cumplidamente el saludo hundiendo profundamente mi lengua en su boca: devoré sus labios, su lengua… sentí sus dientes en mi cuello y sus larguísimas uñas en mi espalda. En un momento en que pinzaba con mis nudillos sus pezones y los retorcía, maniobra que la enloquece, se abalanzó sobre mí y me susurró al oído:

- Cariño, quiero joderte todo, pero llevo casi media hora cabalgando a este cabrón y no se corre. Si no fuera porque necesito sus acciones para seguir en el consejo de administración lo dejaba aquí plantado…

Entendí a la perfección lo que deseaba. Descendí hasta la zona de fricción entre ambos jodedores y comencé a lamer el clítoris de Carmen. De vez en cuando, como al acaso, mi lengua entraba en contacto con el balano del accionista que, lejos de molestarse, mostraba su conformidad trincando con más fuerza las caderas de la hembra. ésta, apercibiéndose de mis progresos, comenzó a alargar el momento en que la polla quedaba prácticamente al aire, de forma que me daba más tiempo para dibujar arabescos sobre la tersa piel, hasta que, en cierto momento, la dejó escapar por completo y pude introducírmela con todo descaro en la boca. Fue casi instantáneo: apenas había succionado un par de veces y acariciado con suavidsad los cojones del tío, cuando éste comenzó a venirse en mi boca gimiendo como en su vida lo había hecho. Aunque intenté tragármelo todo, la ingente cantidad acumulada durante la follada de Carmen y la excitación morbosa de que un hombre le chupara la polla, causaron que parte de la cosecha cayera sobre Carmen, muy atenta, me ayudó chupar todo el jugo de aquella verga, hasta que la suya fue la única boca que se ocupó del accionista, que al poco rato quedó sin leche alguna y profundamente satisfecho. Cuando un hetero tiene su primera experiencia homosexual, no conviene alargar demasiado la situación, ya que suele avergonzarse. En este caso, por lo que reflejaba el rostro de aquel tipo, Carmen tenía asegurado su puesto en el consejo de administración por una larguísima temporada.

Ya libres de aquel pesado, mi cuñada se puso a cuatro patas y me invitó a joderla con lascivos gestos de su lengua. Me arrodillé tras ella y le hundí mi bastón con unos pocos empujones…

Quedamos tendidos uno junto al otro, acariciándonos con calma, con dulzura. Aproveché entonces para preguntarle cómo se había organizado aquella bacanal.

- Muy sencillo -replicó Carmen-: Coral te había organizado la fiesta sorpresa por tu cumpleaños y, ya que sabía que yo andaba en conversaciones con algunos socios de la empresa, los invitó también. Vinieron conmigo Alfonso, el que te has tirado, Luis, su asesor fiscal, y su mujer Belén. Llegamos los primeros y, el pícaro de Alfonso me sacó a bailar. El tío fue directo al grano y a los dos minutos ya estábamos morreándonos y sobándonos. Coral, tu mujercita, tampoco perdió el tiempo y sacó a bailar, como en broma, a Belén… En fin, al poco Coral le estaba comiendo las tetas y Luis las empezó a desnudar. Terminamos todos por los suelos y, los que fueron llegando se incorporaron a la fiesta sin hacerse de rogar… Incluso podrás comprobar que se han colado algunos sin haber sido invitados.

Así era en efecto. Ester, la profesora de Historia que vivía en uno de los áticos y que de vez en cuando nos pedía libros y CD’s, estaba aprendiendo de Lilian a mamar dos pollas a la vez. Alfredo, un efebo que vivía frente a nosotros, se tiraba con ganas a Coral, mientras los dos le comían la tranca al asesor fiscal de marras…

Suspiré satisfecho al ver que todo el mundo estaba a gusto y disfrutando el momento y comprobé que mi verga estaba de nuevo pidiendo guerra. ¿Con quién montármelo ahora?

En ese preciso instante aparecieron, para mi sorpresa, Luz y ángel, la pareja que llevaba años excusándose de venir a las fiestas de cumpleaños mías y de Coral. Les invitábamos por compromiso y ellos, cortésmente, rechazaban la invitación. La verdad es que me embargó cierta confusión: tantos años intentando quedar bien con ellos y ellos decidían olvidar las viejas rencillas aquel preciso día… ¡Estupendo!

Me rehíce tras el breve desconcierto. Al fin y al cabo eran mi casa y mi fiesta. Me erguí y, desnudo, les miré entre seductor y desafiante. Nos miramos brevemente, sosteniéndonos las miradas… después recorrimos nuestros cuerpos… al principio con timidez, después, lentamente, con lascivia y, sin más dilación, nos arrojamos los unos contra los otros ¡Inmensa delicia! ¡Deliciosa comunión la de la Carne!

Arranqué la blusa de Luz y saqué sus enormes tetas de las copas del sujetador, lamiéndolas, devorándolas con frenesí. Mis manos bajaron a sus caderas y, después de arrancar sus brgas de un tirón, separaron sus piernas y pude introducir mi verga en su ardiente sexo… ángel, mientras tanto, acariciaba mi espalda y magreaba mis nalgas hasta que, tras una pequeña vacilación, hundió su polla en mí.

Fueron minutos, horas, qué se yo, de total inconsciencia, de plena irracionalidad. Nos chupamos, mordimos, penetramos en todas las posturas posibles… Sólo cuando ya amanecía y el resto de los bacantes dormía exhausto desde hacía unas horas, decidimos, de común acuerdo, darnos un pequeño respiro. Me tendí entre ellos, como cuando de niño me acostaba en su cama, y me susurraron al oído:

- Feliz Cumpleaños, hijo, y que cumplas muchos más … como éste.

- Para mi cumpleaños queda un año -respondí- pero Navidad está a la vuelta de la esquina…

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Dale Verde

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